REINALDO ESCOBAR

 

Nací en 1965, así que no me perdí los principios de la Revolución cubana en Camagüey, una provincia próspera y con tradiciones bastante conservadoras. Costumbres que fueron bastante afectadas por una avanzada cultural y educativa en contra de todo lo viejo. Crecí en una familia que por parte de madre (Los Sánchez) tenia fuertes vínculos con la vida rural de las grandes fincas dedicadas a la ganadería. Recuerdo con mucha nostalgia la última de las fincas (ya bastante pequeña al final de la vida de mi abuelo) que conservó mi abuelo materno y el sentimiento de pertenencia a la Patria que siente un niño pequeño cuando juega en un gigantesco mangal.
Mi lado paterno era más urbano y pequeño burgués. Los “Escobar” habían poseído plantaciones en el siglo XIX, pero las guerras por la independencia de Cuba les había arruinado. Mi tatarabuelo Francisco Escobar había sido el responsable de la imprenta libertad escondida en su propiedad rural, donde se imprimía “El Cubano Libre” para la República en armas. Al iniciarse la república establecen almacenes y tiendas minoristas abandonando progresivamente sus tierras.

Mi padre fue miembro del 26 de julio urbano y la inteligencia militar tras haberlo atrapado en 1958 lo puso en manos de la policía de Camagüey que lo torturó salvajemente junto a otros dos compañeros. Casi medio muerto fue abandonado en un arroyo cercano al aeropuerto al descubrir los esbirros que era el hijo de Orvilio Escobar, el procurador público que le hacia campaña a la candidatura de Carlos Márquez Sterling con el Partido del Pueblo Libre en el norte de Camagüey para las elecciones organizadas por el General Fulgencio Batista.

En 1986 fui acusado junto a un grupo de jóvenes de conspirar contra la seguridad del estado en la causa 8/86.Durante tres largos meses sufrí todo tipo de presiones psicológicas en la celdas del G2. Sufrí privación forzosa del sueño, continuos interrogatorios y amenazas de muerte. Mi pobre madre durante todo ese tiempo se le dijo (al igual que a mi esposa) que seria fusilado por ser jefe de grupo y en cierta ocasión me interrogo personalmente el ministro del interior “Abrantes”. El ministro estaba obsesionado con la idea de que los soviéticos me habían reclutado para infiltrar al MININT. Durante esos tres meses de interrogatorios un miembro de mi célula (Armando Tubella, tio de mi esposa) que no había sido arrestado, murió por quemaduras en un accidente al norte de Camagüey . Mi esposa (su sobrina) me lo contó en una de las cortas (5 minutos) visitas de lunes. La noticia me sumió en una profunda tristeza. Tras los tres meses de interrogatorios sin ver nunca la luz del sol, fui sacado y abandonado en mi ropa de civil (en el encierro me vestían con una sola pieza de color amarillo-ocre) en una calle cercana sin darme explicaciones. Al momento llegó otro auto y simuló un arresto formal, pudiendo ver como frente a mi un equipo de hombres con cámaras de vídeo tomaban imágenes del falso arresto.
Luego de ese tiempo fuimos llevados a una prisión provisional en cerámica roja para esperar durante 28 días estar ante un juez. Finalmente pude en esa prisión ver a un abogado pagado por mi esposa, que me dijo que yo era culpable y que le desagradaba defenderme. Fuimos sacados de la prisión (la foto que pueden ver en la carta de libertad corresponde al momento en que nos retornaron nuevamente a los calabozos del G2 para continuar con los interrogatorios donde se me informó que junto a dos de los miembros de la junta directiva ( Carlos y Mario) seriamos sancionados a trabajos forzados en la ciudad portuaria de Nuevitas por espacio de un año. Mario fue ubicado en la fabrica de alambres de puas,Carlos en la de fertilizantes y yo en la de cemento.

Vivi fuera de mi Patria por razones políticas desde 1994. En mi exilio en Miami, tuve hijos y una vida familiar durante los 15 años en que no regresé a mi país de origen. En el 2008 ante la enfermedad de mi padre pedí permiso a las autoridades de la isla para verle antes de morir. Regresaba con cierto temor al país donde había sufrido persecución política, y no era para menos, pues en Cuba mi esposa Graciela habia sufrido un maltrato policial brutal (ella no me acompaño en este regreso) en 1992 que le provocó una hemorragia cerebral que le dejó daños permanentes físicos y psicológicos.

El ataque que sufrimos dentro de nuestro humilde hogar y donde resultó maltratada por los hombres del Ministerio del Interior mi pequeña hija Yadira, fue parte de un tratamiento por rebajar nuestra dignidad humana y así neutralizar nuestro activismo. La persecución que sufrímos por parte del Ministerio del Interior en Cuba comenzó en 1986 cuando fui arrestado y acusado junto a un grupo de compañeros muy jóvenes de conspirar contra la Seguridad del Estado organizándonos en estructuras secretas.

En 1994 tras cuatro años de negarnos el permiso de salida del país finalmente pudimos salir mis dos hijos, mi esposa y yo de Cuba bajo el programa estadounidense de ex-presos políticos. Siempre he sido opositor al gobierno del PCC en la isla, pero entiendo que es importante para los cubanos vivir un proceso de reconciliación nacional, y por tanto propongo la creación de una Mesa Redonda donde se dialogue y se negocie un nuevo orden político que nos permita convivir en paz dentro de un hogar nacional donde nadie quede excluido. Si el gobierno cubano persiste en guiar al pais hacia un callejón sin salida donde reine el totalitarismo bajo un unico partido de ideas, entonces será más dolorosa la justa y necesaria apertura.